miércoles, 6 de agosto de 2003

Quinta etapa








El quinto día es el día “D”, tengo que llegar al Furkapass cruzando el cantón de Valais. A las 9:30 estoy ya en lo alto de la moto, rumbo a Suiza. Atravieso el Grand Saint Bernard por el túnel, temiendo no tener tiempo para llegar y volver. La bajada tiene un asfalto y peraltado de lujo, se nota que esto es Suiza, y la disfruto hasta llegar a Martigny.

Atravieso el valle del Ródano por una carretera que va paralela al río, evitando la autopista para no tener que comprar el abono anual. Observo que los suizos son extremadamente respetuosos con las normas de tráfico. Paso por Sion, donde paro en una oficina de correos para cambiar euros por francos suizos, echando en falta no saber ni papa de inglés, y a comprar pan, dejando, por descuido, la moto aparcada con la llave puesta, pero aquí no pasa nada.

Sigo por Visp, y Brig. A partir de aquí la carretera empieza a serpentear, cada vez hay más motos, casi no da tiempo a devolver el saludo a todo el mundo. Al llegar a Gletsch unos optan por dirigirse al Grimselpass y otros tiramos para el Furkapass. Conforme me voy acercando, a unos siete u ocho kilómetros, la vista de la subida es espectacular y las motos son mayoría frente a los coches.

La cima esta llena de motoristas de toda Europa, pero soy el único con matrícula española. Se ven mujeres conductoras y parejas que viajan cada uno en su máquina. No hay ningún chiringuito para tomar nada, pero yo recurro a la despensa de productos al vacío, y me hago un bocadillo de lomo ibérico de la Sierra de Huelva, que me sienta estupendamente, siendo la envidia de todos los “guiris” que me rodean. Como cosa curiosa, encuentro un alemán con una moto como la mía, pero carenada, no queda mal, intercambiamos impresiones y hago algunas fotos.

La bajada por el mismo camino es muy bonita, tengo que parar a veces para hacer más fotos. En el paisaje predomina el verde, reduciéndose el blanco a las zonas más altas. Me viene a la memoria el reportaje del SM 30 nº 242, de Juan Julián y Raquel, que, en agosto de 2002, no pudieron subir en el primer intento por la nieve que había, y en cambio yo, deshidratándome por el calor que hace. Ya le voy cogiendo el truco a las paellas, “tornanti” en italiano.

Hago un par de paradas para descansar y repostar, por cierto que el precio de la gasolina en Francia, Italia y Suiza es prácticamente el mismo, sobre 1,05 euros/litro. Vuelvo a subir y bajar el Grand Saint Bernard, relajadamente, voy bien de tiempo y quiero disfrutar del espectacular paisaje.

El parcial del día ha sido de 410 kms. Descanso con la tranquilidad de haber llegado al punto más lejano. Ya solo me quedan por visitar tres de los lugares fijados, una montaña y dos museos... y todo el camino de vuelta.

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