
El séptimo día me esperan pocos kilómetros. Arranco a las 7:45, cada día más temprano, pero la carretera, aunque muy bonita, va estrechándose y retorciéndose progresivamente, y está mojada por algunos tramos, hasta llegar al Col de Chioula, que menos mal que lo paso de día, porque carece completamente de señalización, ni vertical, ni horizontal. Una raya discontinua desde que empieza a subirse hasta que se termina de bajar es lo único que nos orienta. Es el único puerto que se me ha atragantado, y eso que solo tiene
Al llegar a Ax-les Thermes pensaba que iba a aligerar el ritmo, pero entre las obras de la carretera y la cantidad de franceses que van a comprar a Andorra, el camino hasta Pas de
En la cima de Envalira (
Continúo el viaje bajando hasta Canillo. En el Edificio del Telecabina está ubicada la 2ª Muestra de “motos para el recuerdo”. Antes de entrar desayuno en la cafetería, y me llevo la primera sorpresa agradable, me cobran un euro y poco, yo ya estaba acostumbrado a los precios de más al norte.
En la planta de la entrada hay una sección dedicada al centenario de Harley-Davidson, así como unas interesantes motos de la primera mitad del siglo pasado. En la planta siguiente me gustó mucho la exposición de BMW, desde una R32 de 1923 hasta una actual R1150R Rockster, pasando por la primera moto de la policía andorrana, una R50. En la planta alta está muy bien dispuesta una sección de motos de campo, entre las que encontré una Sherpa igual a la primera moto que tuve. La presentación de las motocicletas y, en general, de toda la exposición, es impecable, ayudando también a dar una buena imagen, la singularidad del edificio que las recoge.
A mediodía, después de llenar a tope el depósito, para no perder tiempo al salir mañana, busco un hotel en el centro de Andorra
Como en el restaurante del camping, costándome trabajo acabar con todo, mi estómago se ha habituado a comer pequeñas cantidades a lo largo del día.
Por la tarde me dedico a recorrer las numerosas tiendas de artículos motociclistas y a comprar algunos regalos. ¡Uff, que caló!
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