sábado, 9 de agosto de 2003

Octava etapa




El octavo día salgo a las 9:00, paso la aduana sin que me paren, y antes de las 10:00 estoy desayunando en la cafetería adjunta al Museo de Basella. Abre la puerta del mismo, Estanislao Soler, hermano del ya desaparecido campeón, Toni Soler. Tengo una sensación parecida a la que percibí en Cifuentes, este espacio esta impregnado de la pasión y el amor por la moto que le han transmitido los artífices del mismo.

Me gustó mucho la representación de Montesa y Bultaco, y el área dedicada a las motos de competición, con la Honda 500 de Crivillé, pero quizás lo que más me llamó la atención fue la reproducción del taller que tenía Mario Soler, padre de Estanislao y Toni, para trabajar en sus motos. También se recrea el ambiente motociclista de la comarca en épocas pasadas, con fotografías y textos explicativos.

Después de las fotos de rigor me planteo regresar tranquilamente a casa, me quedan más de mil kilómetros, pero no me apetece dormir a medio camino después de haber alcanzado los ocho puntos que me marqué, así que arranco y parando cada doscientos kilómetros, aproximadamente, voy acercándome al final.

Al pasar entre Almendralejo y Monesterio me cae un tormentón gordísimo, con un viento lateral que me obliga a estar despierto y alerta. Me viene bien la mojada, ni siquiera intento cambiarme la cazadora de verano que llevaba, mi cuerpo la agradece de verdad.

El reloj marca las diez de la noche cuando entro en Higuera de la Sierra. Ha sido la etapa más larga, 1147 kms.

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