domingo, 10 de agosto de 2003

En casa

Al día siguiente, al levantarme, bajé rápido al garaje para ver la moto, después de haber hecho 4652 kms. en ocho días me notaba cansado físicamente, pero eché de menos no tenerla que coger. La tarea este día era otra, tocaba limpieza de traje, de tienda, de moto...

Al escribir estas páginas, tengo la sensación de haber disfrutado el viaje tres veces, una, preparándolo; otra, sobre la moto, y la tercera repasando toda la documentación recogida, seleccionando las fotografías y dando forma definitiva a este reportaje. También empiezan a rondarme ideas para el futuro… ¿Europa? ¿Marruecos?

ALGUNOS DATOS DE INTERÉS

Distancia recorrida

4.652 kms.

Etapa más larga

1.147 kms.

Etapa más corta

156 kms.

Consumo total de gasolina

229 l.

Consumo medio

4,92 l./100 kms.

Importe total de peajes

83 euros

Importe total de camping

71 euros

Consumo total de aceite

0 litros

sábado, 9 de agosto de 2003

Octava etapa




El octavo día salgo a las 9:00, paso la aduana sin que me paren, y antes de las 10:00 estoy desayunando en la cafetería adjunta al Museo de Basella. Abre la puerta del mismo, Estanislao Soler, hermano del ya desaparecido campeón, Toni Soler. Tengo una sensación parecida a la que percibí en Cifuentes, este espacio esta impregnado de la pasión y el amor por la moto que le han transmitido los artífices del mismo.

Me gustó mucho la representación de Montesa y Bultaco, y el área dedicada a las motos de competición, con la Honda 500 de Crivillé, pero quizás lo que más me llamó la atención fue la reproducción del taller que tenía Mario Soler, padre de Estanislao y Toni, para trabajar en sus motos. También se recrea el ambiente motociclista de la comarca en épocas pasadas, con fotografías y textos explicativos.

Después de las fotos de rigor me planteo regresar tranquilamente a casa, me quedan más de mil kilómetros, pero no me apetece dormir a medio camino después de haber alcanzado los ocho puntos que me marqué, así que arranco y parando cada doscientos kilómetros, aproximadamente, voy acercándome al final.

Al pasar entre Almendralejo y Monesterio me cae un tormentón gordísimo, con un viento lateral que me obliga a estar despierto y alerta. Me viene bien la mojada, ni siquiera intento cambiarme la cazadora de verano que llevaba, mi cuerpo la agradece de verdad.

El reloj marca las diez de la noche cuando entro en Higuera de la Sierra. Ha sido la etapa más larga, 1147 kms.

viernes, 8 de agosto de 2003

Séptima etapa


El séptimo día me esperan pocos kilómetros. Arranco a las 7:45, cada día más temprano, pero la carretera, aunque muy bonita, va estrechándose y retorciéndose progresivamente, y está mojada por algunos tramos, hasta llegar al Col de Chioula, que menos mal que lo paso de día, porque carece completamente de señalización, ni vertical, ni horizontal. Una raya discontinua desde que empieza a subirse hasta que se termina de bajar es lo único que nos orienta. Es el único puerto que se me ha atragantado, y eso que solo tiene 1431 m. de altitud.

Al llegar a Ax-les Thermes pensaba que iba a aligerar el ritmo, pero entre las obras de la carretera y la cantidad de franceses que van a comprar a Andorra, el camino hasta Pas de la Casa lo hago en caravana, sin poder disfrutar de la subida. Me extrañó ver una señal de “peligro vacas” y no le dí mucha importancia, hasta que a la salida de una curva me encontré una cruzando la carretera. Gracias a San Telelever y a San ABS, y a la anchura de la carretera, que me permitieron reducir la velocidad y esquivarla.

En la cima de Envalira (2407 m.) me encuentro dos motos clásicas, de los años cincuenta o sesenta, de unos 125 c.c., y me dispongo a hacerles una fotografía cuando llegan sus propietarios, que resultan ser un matrimonio de franceses sexagenarios que recorren la zona, cada uno conduciendo su moto. Hablo un poco con ellos y les informo de la exposición de clásicas de Canillo, cosa que desconocían. Me admira su espíritu y me doy cuenta de que para vivir un viaje-aventura en moto no hace falta tener ni la máquina más grande, ni la más cara, ni la más rápida, solo hacen falta ganas.

Continúo el viaje bajando hasta Canillo. En el Edificio del Telecabina está ubicada la 2ª Muestra de “motos para el recuerdo”. Antes de entrar desayuno en la cafetería, y me llevo la primera sorpresa agradable, me cobran un euro y poco, yo ya estaba acostumbrado a los precios de más al norte.

En la planta de la entrada hay una sección dedicada al centenario de Harley-Davidson, así como unas interesantes motos de la primera mitad del siglo pasado. En la planta siguiente me gustó mucho la exposición de BMW, desde una R32 de 1923 hasta una actual R1150R Rockster, pasando por la primera moto de la policía andorrana, una R50. En la planta alta está muy bien dispuesta una sección de motos de campo, entre las que encontré una Sherpa igual a la primera moto que tuve. La presentación de las motocicletas y, en general, de toda la exposición, es impecable, ayudando también a dar una buena imagen, la singularidad del edificio que las recoge.

A mediodía, después de llenar a tope el depósito, para no perder tiempo al salir mañana, busco un hotel en el centro de Andorra la Vella. Después de descargar y subir trabajosamente todo el equipaje hasta la habitación, sufro un ataque de claustrofobia, sin duda mi organismo se ha desacostumbrado a los espacios cerrados, así que vuelvo a bajar a recepción para decirles que me voy. Me instalo en una terraza del Camping Valira, desde la que disfruto de una magnífica panorámica. Con sólo 158 kms. recorridos dejo descansar hoy a la moto.

Como en el restaurante del camping, costándome trabajo acabar con todo, mi estómago se ha habituado a comer pequeñas cantidades a lo largo del día.

Por la tarde me dedico a recorrer las numerosas tiendas de artículos motociclistas y a comprar algunos regalos. ¡Uff, que caló!

jueves, 7 de agosto de 2003

Sexta etapa









El sexto día vuelve a ser de transición, otra vez cruzar Francia, hasta el sur. Salgo a las 8:00, y decido coger la “autoestrada” en dirección a Torino, para entrar en Francia por Briançon, resultándome un principio de viaje muy agradable, por la temperatura, por no haber mucho tráfico, y por el trazado con curvas y numerosos túneles, que rompen la habitual monotonía de las autopistas.

Antes de llegar a Briançon subo y bajo el Col de Montgenevre, para continuar después en dirección Gap, Nyons y enlazar en Orange con la autopista que baja en dirección a España. La ruta de Briançon a Orange me resulta amena, aunque se atraviesan muchos pueblos el ritmo es bueno, pero hay que tener cuidado con el trazado, pues la clasificación de las carreteras va cambiando (N 94, D 994, D 94) y da la sensación que el ingeniero que las hizo también, sorprendiéndonos con curvas que no esperamos y cambios repentinos de firme y anchura.

Al llegar a Narbonne me desvío en dirección Carcassone para coger allí la D118 que me acercará hasta Andorra.

En Limoux caen algunas gotas y está anocheciendo, así que busco acomodo en el camping municipal. Me cuesta encontrarlo, así que tengo que pedir ayuda a un lugareño, y este, amablemente se brinda a guiarme con su coche hasta la puerta del camping. Está completo pero la encargada me busca un hueco y un vecino holandés me ayuda a montar la tienda.

Un calor húmedo invade el ambiente y caen algunas gotas. Aprovecho para hacer turismo por el pueblo, famoso por sus vinos.

El parcial ha sido de 765 kms.



miércoles, 6 de agosto de 2003

Quinta etapa








El quinto día es el día “D”, tengo que llegar al Furkapass cruzando el cantón de Valais. A las 9:30 estoy ya en lo alto de la moto, rumbo a Suiza. Atravieso el Grand Saint Bernard por el túnel, temiendo no tener tiempo para llegar y volver. La bajada tiene un asfalto y peraltado de lujo, se nota que esto es Suiza, y la disfruto hasta llegar a Martigny.

Atravieso el valle del Ródano por una carretera que va paralela al río, evitando la autopista para no tener que comprar el abono anual. Observo que los suizos son extremadamente respetuosos con las normas de tráfico. Paso por Sion, donde paro en una oficina de correos para cambiar euros por francos suizos, echando en falta no saber ni papa de inglés, y a comprar pan, dejando, por descuido, la moto aparcada con la llave puesta, pero aquí no pasa nada.

Sigo por Visp, y Brig. A partir de aquí la carretera empieza a serpentear, cada vez hay más motos, casi no da tiempo a devolver el saludo a todo el mundo. Al llegar a Gletsch unos optan por dirigirse al Grimselpass y otros tiramos para el Furkapass. Conforme me voy acercando, a unos siete u ocho kilómetros, la vista de la subida es espectacular y las motos son mayoría frente a los coches.

La cima esta llena de motoristas de toda Europa, pero soy el único con matrícula española. Se ven mujeres conductoras y parejas que viajan cada uno en su máquina. No hay ningún chiringuito para tomar nada, pero yo recurro a la despensa de productos al vacío, y me hago un bocadillo de lomo ibérico de la Sierra de Huelva, que me sienta estupendamente, siendo la envidia de todos los “guiris” que me rodean. Como cosa curiosa, encuentro un alemán con una moto como la mía, pero carenada, no queda mal, intercambiamos impresiones y hago algunas fotos.

La bajada por el mismo camino es muy bonita, tengo que parar a veces para hacer más fotos. En el paisaje predomina el verde, reduciéndose el blanco a las zonas más altas. Me viene a la memoria el reportaje del SM 30 nº 242, de Juan Julián y Raquel, que, en agosto de 2002, no pudieron subir en el primer intento por la nieve que había, y en cambio yo, deshidratándome por el calor que hace. Ya le voy cogiendo el truco a las paellas, “tornanti” en italiano.

Hago un par de paradas para descansar y repostar, por cierto que el precio de la gasolina en Francia, Italia y Suiza es prácticamente el mismo, sobre 1,05 euros/litro. Vuelvo a subir y bajar el Grand Saint Bernard, relajadamente, voy bien de tiempo y quiero disfrutar del espectacular paisaje.

El parcial del día ha sido de 410 kms. Descanso con la tranquilidad de haber llegado al punto más lejano. Ya solo me quedan por visitar tres de los lugares fijados, una montaña y dos museos... y todo el camino de vuelta.

martes, 5 de agosto de 2003

Cuarta etapa





El cuarto día me levanto ilusionado, me espera el primer puerto alpino, el Petit- Saint-Bernard (2188 m.). Me sorprenden e impresionan las numerosas curvas “paella”. Me adelantan un par de KTMs que se desenvuelven ágilmente, una no lleva ni matrícula, el piloto la tiene atada a la cazadora con una cuerda. En la cima visito el Hospicio, edificio que en tiempos se construyó para resguardo y ayuda de los que cruzaban el puerto.

Bajo por la parte italiana hasta llegar a Aosta, pero no me paro y sigo subiendo en dirección al Grand Saint Bernard, hasta un pintoresco pueblecito, Etroubles, situado a 1300 m. de altitud. A la entrada hay un camping con un cartel muy grande que pone DUCATI, y aquí me quedo. El dueño habla algo el castellano y es fan de Capirossi, siendo el camping punto de recepción de una especie de ”raid” que se va a celebrar por los Alpes, para motos Ducati, por supuesto.

Por la tarde subo el Grand-Saint-Bernard (2473 m.). La carretera es más espectacular que la del “pequeño” aunque no más dificultosa. Visito el museo y el criadero de perros San Bernardo.

Cayéndome unas gotas, vuelvo a Etroubles, antes de que anochezca. Desde el lugar donde estoy acampado puedo ver un tramo de carretera con algunas curvas en subida, por el que pasan bastantes motos, que me deleitan también con el sonido de los escapes.

Termino con una visita a la pizzería del pueblo, que parece el escenario de una película italiana; para colmo el cocinero, gordísimo; el camarero pequeño y gallito; y la camarera, macizorra; cuadran estupendamente como personajes. Me voy a la cama con un parcial de solo 156 Kms., pero todos por carretera de montaña

lunes, 4 de agosto de 2003

Tercera etapa


El tercer día de viaje va a ser una etapa de transición, me propongo atravesar Francia por autopista (Perpignan, Nîmes, Valence, Grenoble, Albertville) y acercarme lo más posible al Petit Saint Bernard.

Me entretengo desayunando en el camping y buscando unos guantes de verano en Figueras, por lo que empiezo a andar un poco tarde. Para colmo me tengo que salir de la autopista antes de llegar a la frontera, pues la cola para echar gasolina es larguísima. Vuelvo a la autopista francesa y cargado de paciencia me dispongo a pasar este aburrido día.

El calor es sofocante y el tráfico agobiante, paro en algunas áreas de servicio a refrescarme y tomar algo. Antes de llegar a Grenoble encuentro un cartel que prohíbe sobrepasar la velocidad de 70 Kms./h., en toda la ciudad y en un radio de diez kilómetros, debido por lo visto a la contaminación atmosférica, por lo que atravesarla se hace interminable. Menos mal que cerca de Albertville el aire empieza a cambiar, la carretera se ondula, y el paisaje de montaña aparece. Anocheciendo decido acampar un poco antes de Bourg-St. Maurice, en un camping lleno de las típicas familias francesas que durante toda su vida pasan sus vacaciones en el mismo camping, incluso en la misma parcela.

El día ha sido agotador, señalando el cuentakilómetros parcial 718 kms., pero afortunadamente hay una pizzería que me viene ideal para cenar.